martes 9 de septiembre de 2008

¿Por qué odiamos a Flanders?



¿No es Flanders una bellísima persona? Un hombre trabajador, padre dedicado y entregado marido, siempre presto a ayudar al que lo necesite, cuida por igual cuerpo y mente. ¿No es perfecto?

¿No es insufriblemente perfecto (ese maldito bastardo hijo de...)?

Aceptemos una realidad de la vida: todos odiamos a Flanders, que es una magnífica persona. Homer es un tarugo egoísta, incompetente, feo, gordo y calvo. Pero a quien detestamos es a Flanders.

¿En qué lugar nos deja eso?

¿Es odiosa la perfección?

Unos psicólogos muy gamberros decidieron comprobar si la gente perfecta es realmente tan despreciable como dicen los tópicos.

El experimento consistía en lo siguiente. Cogieron a unos cuantos pardillos y les dijeron algo así como: "ey, Bob (por ejemplo). Estamos buscando gente para un concurso de televisión de conocimientos, y tenemos aquí la grabación de un candidato. Nos gustaría que la escucharas y nos dijeras qué te parece".

Y Bob escuchaba la grabación. El tipo hablaba un poco de sí mismo, respondía a unas cuantas preguntas estilo Trivial Pursuit y se marchaba.

Había en total cuatro tipos, cuatro grabaciones, pero ninguno de los pardillos del experimento oía las cuatro grabaciones, sólo una.

Y como siempre, había truco. Porque los cuatro tipos eran el realidad el mismo tipo, un actor profesional que representaba un papel distinto en cada grabación.
  1. Un tipo extremadamente competente, 92 % de acierto en las preguntas, premio honorífico en el instituto, editor del libro de graduados y miembro del grupo de seguimiento.
  2. Un tipo mediocre, 30 % de acierto en las preguntas, calificaciones bastante corrientes, corrector de pruebas del libro de graduación y se había presentado para el grupo de seguimiento pero no le aceptaron.
  3. El tipo perfecto de nuevo, pero esta vez se le caía el café y se manchaba el traje.
  4. El tipo mediocre de nuevo, que también se manchaba el traje.
Resumiendo, teníamos un tipo competente, otro competente pero torpe, otro mediocre, y otro mediocre y además torpe.

¿Resultados?

La gente en general prefiere al competente sobre el mediocre, y al hábil sobre el torpe, pero cuando se da todo a la vez, sorpresa, la gente prefiere al competente un poquito torpe.

Y como detalle interesante, la gente prefiere al hombre perfecto sobre el mediocre que no se tira el café encima... pero por poco.

Conclusión

En realidad, no hay conclusión. Este experimento sólo demuestra que realmente odiamos a los perfectos Flanders del mundo, pero no nos dice por qué.

Así que, chicos, cuando intentéis impresionar a una chica, más vale que mostréis algún signo de imperfecta humanidad. Para no parecer unos repelentes, ya sabéis.

Ahora bien, si resulta que preferimos a un palurdo como Homer a una bellísima persona como Flanders, ¿qué clase de persona somos?

Para saber más
Psicología Social, por Stephen Worchel, Joel Cooper, George R. Goethals, James M. Olson


Referencias:
Mischel, W. (1988): Teorías de la personalidad. MacGraw Hill. Descatalogado.
Aronson, E., Willerman, B. and Floyd, J. (1966) The effect of a pratfall on increasing interpersonal attractiveness, Psychonomic Science 4: 227-8.

3 comentarios:

Tenar dijo...

Es perfecto...
"trabajador, padre dedicado y entregado marido, siempre presto a ayudar al que lo necesite, cuida por igual cuerpo y mente"

Pero nosotros no... siempre se odia lo que no somos y nos gustaria ser.

En cuanto a la prueba, ser competente es una cualidad, pero si ven que no eres del todo perfecto, algun detalle que te haga mas humano, te hace ser menos odiado...
Al menos eso pienso.

Un saludete!

porfineslunes dijo...

Buenísimo. Lo citaré con tu permiso en mi blog.

Rubio Jiménez dijo...

El efecto Pratfall: Muy bien expliadito.
Bonita página. Se la enseñaré a mis alumnos con su permiso.
J.C. Rubio Jiménez
espuelasdepapel.blogia.com